Hace unos días sus ojos y lo míos se volvieron a cruzar…sin mediar palabra, cuando nuestros ojos estaban cerca no dejaban de buscarse...
Recordé aquella historia, aquella de un tiempo ya pasado. Teníamos apenas trece o catorce años, pasábamos las tardes enteras en la piscina, correteando uno tras otro, compartiendo juegos inocentes. Estaba entrando el verano, nos conocíamos desde hacía años, pero no éramos más que dos niños, dos niños que compartían risas. Recuerdo que nuestros juegos me encantaban (como ves aún hoy no soy capaz de olvidarlos):competiamos a ver quien nadaba más rápido, a ver quién duraba más bajo el agua, a ver quien tardaba más tiempo haciendo el pino...
Sin darnos cuenta, un día esos juegos se volvieron muestras de algo, algo que en ese momento no éramos capaces de descifrar (no sé si tú sí…): cogernos de la mano bajo el agua, que me agarraras por la cintura cuando nadie podía vernos… para mí no eran más que juegos de niños pero quizás hoy me doy cuenta que no era así.
Una tarde, entre risas y bromas, me dijiste algo, una palabra que realmente no llego a recordar y creo que jamás me sonroje tanto, no acertaba a mediar palabra, no supe que contestar, venías a buscarme a casa y ponía excusas para no salir, sin saber por qué... a partir de entonces, dejamos de compartir momentos, dejamos incluso de hablarnos a pesar de seguir pasando veranos enteros viéndonos a diario ( y ahora solemos coincidir como dos desconocidos, que al fin y al cabo es lo que somos, cruzándonos por la calle como si jamás hubiésemos intercambiado una palabra).
Y esta es nuestra no historia, la de dos niños que un día por un algo, no sé qué, dejaron de hablarse, pero lo cierto es que nuestras miradas se siguen cruzando y cuando eso pasa solo me queda este bonito recuerdo de algo que nunca fue…
