domingo, 11 de mayo de 2008

Rídiculo hablar cuando no hay quien oiga...


Esto es un pequeño parráfo de uno de los libros que me estoy leyendo en estos momentos, prestad atención a algunas de las cosas que expone:


..."Acerca del miedo de que no me quieran oír, aseguróme muy seriamente que no sería yo el primero que hablase sin ser oído, y que como en esto más se trataba de hablar que de escuchar, más preciso era yo que mi auditorio. Rídiculo es hablar, me añadió, no habiendo quien oiga; pero todavía sería peor oír sin haber quien hable. Acerca de si me querrían entender, me tranquilizó afirmándome que en los más no estaría el daño en que no quisieses, sino en que no pudiesen. Y en lo del riesgo de gustar poco a unos, y disgustar a muchos otros,-me dijo-, que os embarazáis en cosas de poco monta. Si hubieren cuantos escriben de pararse a esas bicocas, no veríamos tantos autores que viven de fastidiar a sus lectores..."


Sacado de un libro de Mariano José de Larra, de unos de sus escritos satíricos "Mi nombre y mis própositos".

1 comentario:

Caiguar dijo...

Claro, hay veces; incluso que el ruido que hacen las palabras impiden escuchar lo que se dice.